Por Javier Orozco Alvarado
Ex rector del Centro Universitario de la Costa Universidad de Guadalajara
Desde que iniciaron los gobiernos de la autodenominada Cuarta Transformación, han sido recurrentes las acusaciones contra los fantasmas del pasado sobre su responsabilidad de la inseguridad que vivimos en el presente, de la inestabilidad financiera que nos dejaron y la cultura de la corrupción que nos legaron. Y aunque es cierto que la historia determina ineludiblemente nuestro presente, es necesario asumir el papel que nos corresponde para evitar que el país se siga hundiendo como hasta ahora.
La realidad es que ni los gobiernos neoliberales ni los gobiernos neopopulistas han encontrado la manera de atender las necesidades de la gran masa de población que, como en México, enfrenta cada vez más dificultades para encontrar empleo, para contar con servicios públicos de salud y para salir a la calle sin riesgo de ser asaltado, secuestrado o asesinado.
Es cierto que los gobiernos nacionalistas-populistas se caracterizan por repartir la riqueza generada, acumulada y mal distribuida por los gobiernos neoliberales; pero ninguno de ellos se escapa de mentirle a la población, de endeudar a la nación y apropiarse de nuestros bienes públicos.
Pero a diferencia de los gobiernos neoliberales, que practicaban el “laissez faire, laissez passer” (dejar actuar, dejar pasar), los gobiernos neopopulistas, se caracterizan por destruir las democracias, las instituciones del Estado y por suprimir las libertades sociales.
Muchos de mi generación criticamos por más de tres décadas a los regímenes neoliberales del PRI y del PAN, porque añorábamos la llegada de un nuevo régimen que fuera más democrático, incluyente, honesto y transparente.
La realidad es que, hasta ahora, con los nuevos gobiernos la economía ha quedado estancada; pues mientras que en treinta años de neoliberalismo el PIB del país creció a tasa promedio anual de 2.5%, en el sexenio de López Obrador la tasa de crecimiento promedio anual del PIB fue de 0.9% y con el actual gobierno, en el primer trimestre de 2025, el crecimiento fue de 0.2%.
A pesar de los datos macroeconómicos, estos gobiernos nos siguen ocultando la realidad. En primer lugar, porque han insistido que no ha habido endeudamiento; cuando en realidad la deuda pública pasó de 8.8 billones de pesos en 2018 a 17.4 billones en 2024. Lo mismo sucede con la deuda externa, que pasó de 94 mil 317 millones de dólares en 2018 a 230 mil 336 millones en 2024.
De hecho, la distribución de riqueza sin crecimiento para programas de becas, pensiones y otras ayudas bajo el nuevo régimen, tiene que ver con el endeudamiento publico y el ahorro que generó la desaparición de fideicomisos y de organismos autónomos para facilitar la destrucción de nuestra incipiente democracia.
Y nos siguen mintiendo cuando dicen que estamos bien en salud o que se acabó la corrupción; mientras continúan los desfalcos en PEMEX, la corrupción en BIRMEX (compra de medicamentos), así como el conocido fraude de SEGALMEX, superior al de la estafa maestra de Peña Nieto.
Por eso, mienten también cuando hacen creer a la gente que el control de las redes sociales desde el gobierno o que votar por el poder judicial es democracia; mientras nos van conduciendo a un régimen antidemocrático y autoritario como el de Cuba o Venezuela.








































































