Por Javier Orozco Alvarado
Puerto Vallarta enfrenta hoy la más profunda crisis de visitantes de los últimos años, debido al desorden estructural que han generado las dos últimas dos administraciones de Morena y sus aliados del Partido Verde en este lugar.
La enorme preocupación ante estas circunstancias se refleja, no sólo en la reacción de los organismos empresariales, los trabajadores, los regidores de oposición, los pequeños empresarios y el público en general en las redes sociales.
Y es que las calles vacías, los negocios cerrados o sin gente, la desesperanza en los rostros de la población local y la baja actividad de los turoperadores son el reflejo de la caída de más de medio millón de pasajeros menos que no llegaron por vía aérea a este destino.
Según Data Tur, la ocupación hotelera pasó de 81.5% en enero a 51.1% en junio de este año; los recorridos turísticos por la bahía acumularon una caída de 16% y los vuelos internacionales disminuyeron en un 20%.
Aunque Puerto Vallarta se encuentra posicionado como marca turística internacional reconocida por su capacidad hotelera, sus hoteles de lujo y su alta cocina; su infraestructura urbana se encuentra altamente deteriorada y sin un mantenimiento adecuado.
Según las mediciones internacionales sus servicios públicos son insuficientes y deplorables, pues mientras su infraestructura hotelera alcanza los más altos ranking de 10 en competitividad internacional, su infraestructura urbana tiene calificación de 6; movilidad y vialidades 5.5; agua drenaje y servicios públicos 5.5; sustentabilidad ambiental 6 y comparte con Bahía de Banderas serios problemas de gobernabilidad.
A diferencia de otros destinos de playa y de ciudad, Puerto Vallarta ha desaprovechado su capacidad hotelera, no sólo por falta de promoción nacional e internacional, sino también por la incapacidad de los responsables en la gestión turística local. Pues mientras los demás destinos aprovechan su temporada baja para promocionar el Turismo de Reuniones/MICE o para impulsar el Turismo corporativo y de negocios; el ranking de estos segmentos se ubica en un promedio de 7 frente al 9.5 o 9 de Los Cabos.
La realidad es que Puerto Vallarta enfrenta serios problemas socioeconómicos que se reflejan en la enorme desigualdad entre zonas turísticas y colonias populares, en la fuerte dependencia del turismo como principal fuente de empleo y la saturación e insuficiencia de servicios públicos como agua, drenaje, recolección de basura, movilidad y últimamente seguridad.
Esto último es lo que, seguramente, ha dañado más la imagen de este destino, pues mientras en junio de 2025 la percepción de inseguridad de la población de 18 años y más era de 27.3% para junio de 2026 subió a 65.4%.
En resumen, podemos decir que en Puerto Vallarta la percepción de la población es que, tanto el gobierno de la esperanza, como el actual gobierno del bien, han sido incapaces de atender la problemática que se ha venido acumulando desde hace varias décadas por nuestra falta de auto gobernanza. Todo por confiar en gobiernos señalados recurrentemente por corrupción o por hacer un uso indiscriminado del presupuesto público para pagar favores, contratar gerentes y asesores que no hacen más que cobrar mensualmente una nómina sin hacer nada.