Por Javier Orozco Alvarado, Ex rector del Centro Universitario de la Costa Universidad de Guadalajara
Puerto Vallarta es un destino turístico que, por gracia divina, ha sido un paraíso para visitantes, inversionistas y hasta para políticos caza fortunas; unos de fuera y otros del interior, que han aprovechado el voto de los ciudadanos para saquear las riquezas y las arcas municipales en complicidad con parientes, amigos o patrocinadores.
Unos partidos han tenido la oportunidad de perpetuarse en el poder hasta por nueve años como grupo político y otros, en sólo tres años, han logrado amasar fortunas para no trabajar el resto de sus vidas; todo ello a costa de la falta de servicios públicos, del abandono urbano de colonias populares, de la exclusión social y falta de obras de infraestructura para atender la creciente demanda turística.
Y aunque la gente ha buscado otras opciones políticas con gobiernos del PRI, MC, Morena o el Partido Verde, sus opciones son cada vez más limitadas porque la alternancia ha estado representada por políticos reciclados que han lucrado en el pasado con uno u otro color, pero sin un buen resultado.
La realidad es que tanto el país, como los estados y municipios, están secuestrados por políticos que forman parte o están al servicio del crimen organizado, pero que cuentan con la protección del Estado; unos con más y otros con menos, como es el caso del alcalde Morenista del municipio de Tequila, quien fue detenido recientemente por diversas acusaciones. Misma situación que se presume también de otros políticos intocables como Adán Augusto, Cuauhtémoc Blanco o los hijos del ex presidente Andrés Manuel, sin que la FGR investigue para ellos ningún delito, a pesar de sus escándalos de corrupción y asociación delictuosa.
Aunque los partidos políticos no son culpables de los abusos, la deshonestidad o ineptitud de quienes gobiernan en su representación, si son responsables de elegir sus candidatos a partir de su trayectoria, su preparación, honorabilidad y capacidad para integrar equipos de trabajo capaces de resolver problemas.
Hasta ahora, en Puerto Vallarta, los gobiernos de casi todos los partidos han sido integrados por gente poco honesta, sin experiencia, falta de aptitudes o insensibles ante las necesidades sociales y colectivas.
Puerto Vallarta tendrá que buscar en el 2027 una mejor opción política para recuperar la ruta del desarrollo, no en los militantes de partidos que han demostrado su incapacidad y su voracidad para enriquecerse de manera fácil, sino en opciones ciudadanas con un compromiso real con la gente, con los empresarios y con este destino turístico.
Tanto la Generación Z, como los movimientos políticos independientes tienen la oportunidad de elegir opciones políticas de gente joven, de ciudadanos honestos o liderazgos preocupados por lo que pasa en esta ciudad.
Es responsabilidad de los ciudadanos defender Puerto Vallarta, de buscar mejores opciones que no signifiquen más de los mismo, más de quienes bajo distintos colores encontraron el modo de mentirle a la gente para seguir lucrando con su pobreza, con su nobleza y su confianza.
















































































