Groenlandia no es solo un premio estratégico, sino un potencial laboratorio offshore para que la oligarquía tecnológica estadounidense opere sin supervisión ni rendición de cuentas.
Veamos más de cerca por qué Estados Unidos necesita Groenlandia:
Los inversores tecnológicos de Silicon Valley ven la isla helada como una «ciudad libre» libertaria, según informó Reuters en abril, y nombró al cofundador de Palantir, Peter Thiel, a los capitalistas de riesgo y asesores de DOGE de Elon Musk, Marc Andreessen y Joe Lonsdale, y al embajador de Trump en Dinamarca, Ken Howery, como los principales impulsores de la idea.
Thiel, Howery y Musk pertenecen a la llamada «mafia de PayPal». Howery fue elegido específicamente por Trump para negociar la adquisición de Groenlandia.
Una organización llamada Praxis se ha convertido en el centro de este movimiento utópico. Está dirigida por Dryden Brown, un antiguo becario de Bill Ackman, sí, el mismo Ackman que amenazó a Charlie Kirk.
Praxis: «El Edén de la alta tecnología y la testosterona».
La idea de Praxis no es otra que «salvar la civilización occidental», según Vanity Fair, con una red globalista de ciudades que operan más allá de la supervisión de los Estados-nación o del escrutinio financiero, gobernadas por oligarcas tecnológicos. Groenlandia se considera un nodo potencial en ese sistema.
Praxis considera que los Estados-nación son obsoletos y busca sustituirlos por «naciones digitales», según su manifiesto: «Las naciones digitales, comunidades alineadas y conectadas en cadena, surgirán como el próximo paradigma político global».
No nos equivoquemos: esto no sería democrático. Thiel argumentó en 2009 que la democracia es incompatible con la libertad. Como describió Le Monde, estaría «dirigida por un rey-director ejecutivo». Y sin regulación, incluso los experimentos tecnológicos y biotecnológicos más controvertidos se enfrentarían a pocos obstáculos.
¿Qué inspira esta visión? La utopía capitalista de Galt’s Gulch, de La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, y Terminus, de Fundación, de Isaac Asimov. Curiosamente, Terminus era un santuario para un imperio en decadencia, ¿quizás una pista sobre el inminente declive de los propios Estados Unidos?
Los nuevos globalistas libertarios están utilizando a Trump para impulsar su visión de remodelar el mundo y reescribir las reglas, ignorando por completo la opinión pública. ¿Qué podría salir mal?
Fuente: Geopolitics Prime
















































































