La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta su primera gran crisis, un choque de poderes entre el ejecutivo y el poder judicial, que representa un reto histórico para su mandato. El conflicto gira en torno a la reestructuración del sistema judicial impulsada por el partido gobernante, Morena, que busca que los jueces sean electos y supervisados por una junta disciplinaria.
Mientras Morena sostiene que esta medida combate la corrupción judicial, la Suprema Corte y diversos magistrados consideran que viola la Constitución y amenaza la independencia de la justicia.
Esta semana, la Corte podría decidir sobre la validez de esta reforma, un fallo que determinará si los jueces son elegidos por el voto popular o mantienen su autonomía. La decisión podría desencadenar un conflicto institucional sin precedentes si el Congreso ignora el fallo, como algunos líderes de Morena ya han adelantado. Para Sheinbaum, que asume un papel central en esta disputa, el manejo de esta situación será clave en su mandato y en la consolidación de su liderazgo.
Las implicaciones son profundas: desde la estabilidad democrática hasta la seguridad jurídica y la inversión extranjera en México. Expertos advierten que un rechazo a la autoridad de la Corte podría erosionar la confianza en las instituciones mexicanas y afectar su imagen internacional, mientras que un acuerdo podría mostrar a una presidenta dispuesta a negociar en favor de la estabilidad nacional.













































































