Alejandro «Alito» Moreno podría ser el último capítulo de la larga historia del poder político en el México pos-revolucionario que Plutarco Elias Calles inició en 1929. De todas las desbandadas de priistas que ha habido en el país desde el 2018 y que parecían pequeñas grietas y fisuras, hoy se rompe el dique con la sonada salida de Miguel Angel Chong, Claudia Ruíz Massieu, Nuvia Mayorga, Eruviel Ávila, Diva Gastélum, senadoras, senadores, diputadas, diputados, exgobernadores, todos del PRI que hoy anuncian su renuncia al partido junto a más de 300 liderazgos en el país.
En conferencia de prensa, los otrora priistas le pasaron la responsabilidad de la destrucción del PRI a su actual presidente Alejandro Moreno, quien «en tan poco tiempo desvió a nuestro gran instituto político, miró solo para sus propios intereses, su ambición y para su protección» anunció Chong al presentar su renuncia públicamente.
Desbandada del PRI
Como buenos políticos prácticos, con piel gruesa ante la crítica, muchos priistas brincaron a engrosar las filas de Morena; varios de ellos desde la misma campaña de Andrés Manuel López Obrador en el 2018. Claro ejemplo fue la desbandada priista en Baja California de la mano del exsenador Fernando Castro Trenti y su pupila, la ahora Senadora por Morena, Nancy Sánchez. Ambos tradicionales priistas que brincaron a Morena en el tiempo cuando se decía traidores a los que se iban.
Igual sucedió básicamente en todo el país, como en el vecino estado de Colima, que al Igual que Castro Trenti, otro exsenador y alto exfuncionario priista, Rogelio Rueda, se alió a Morena para apoyar a la hoy gobernadora Indira Vizcaíno. Incluso se habla de una posible candidatura por Morena de este expriista para suceder a la ahora gobernadora morenista.
Esas desbandadas en diferentes estados del país no ocasionaron mucho ruido pero fue el principio del alud que se estaba desgajando silenciosamente y que hoy cobra fuerza y luces mediáticas nacional e internacional por el momento político que vive el país.
Crónica de un epitafio
No podemos hablar de una analogía de lo que sucede en el PRI con la famosa novela de «Crónica de una muerte anunciada» de Gabriel García Márquez, porque en esta crónica si hay culpables, no hay un inocente: ni los que se quedan, ni los que se van, ni los que se fueron, de una u otra manera todos son culpables de que este partido escriba su epitafio antes de su muerte.
La larga historia de gobiernos del PRI, no solo se habla de los enormes políticos que engrandecieron las acciones públicas como Lázaro Cárdenas, López Mateos o Torre Bodet, quizá de ellos hablamos de las luces de ese partido, pero a raíz del último tercio del Siglo XX, el Partido Revolucionario Institucional entró en decadencia que se agudizó en el gobierno de Salinas de Gortari eliminando gradualmente la memoria histórica.
Hoy los políticos priistas conocen demasiado poco, no solo de la historia del PRI, sino de la misma historia del México pos-revolucionario. Los políticos priistas hoy son exitosos empresarios en el comercio, en la banca o en la industria de los bienes raíces como aquellos representantes de los campesinos de la tristemente célebre Confederación Nacional Campesina, la CNC, que aglutinaba a los ejidatarios del país, hoy habrá que verlos como millonarios empresarios del mercado de las tierras ejidales.
Toda esa naturaleza neoliberal que se insertó en el PRI desde 1982, fue carcomiendo la esencia histórica revolucionaria y adentrándose a las complicidades de los negocios exitosos que a la postre, fueron debilitando la credibilidad social mientras sus líderes coleccionaban mansiones, autos de lujo y toda la extravagancia ahora expuesta como ejemplo por el actual líder de ese partido que usa los colores de la bandera como imagen.
La crónica de un epitafio parece que llegará muy pronto, más pronto que un año seremos testigos de una historia cerrada, concluida, terminada; un comienzo y un final, PRI 1929-2024.













































































