¿Las juventudes en México pueden soñar con llegar a las estrellas? Sí, a través de la educación pública y la ciencia pueden lograrlo. Un grupo de jóvenes soñadores ganaron el premio de “Grand Prize Overall Design” de la NASA.
Sí, a través de la educación pública y la ciencia pueden lograrlo. Les comparto como un grupo de jóvenes soñadores salimos de nuestro país y ganamos el premio de “Grand Prize Overall Design” de la NASA. Este premio se otorgó al mejor proyecto de innovación de una competencia internacional en la que participaron jóvenes de todo el mundo en las instalaciones de la National Aeronautics and Space Administration (NASA).
Mi nombre es Jesús Esteban Asencio Rodríguez y tengo 25 años, crecí en una de las colonias con más rezagos económicos y sociales del municipio de Zapopan en Jalisco, la colonia Arenales Tapatíos. Crecí en un contexto donde las oportunidades son escasas y las necesidades son muchas. Al terminar la educación secundaria probablemente mis padres esperaban que me dedicara como lo han hecho la mayoría de jóvenes de mi comunidad, a trabajar para aportar un poco al bienestar familiar, pero se abrió una puerta que me cambiaría la vida para siempre; la Universidad de Guadalajara abriría una sede de bachillerato cerca de mi casa.
Logré concluir el bachillerato y decidí continuar con mis estudios universitarios sin importar las implicaciones. Vendí todo lo que tenía y no solo dejé mi casa, sino también mi municipio y cambié mi residencia a Lagos de Moreno para seguir mi sueño. Actualmente soy egresado de la carrera de Ingeniería en Mecatrónica de la Universidad de Guadalajara (CULagos), y estoy preparándome para aplicar a un posgrado en ingeniería aeroespacial en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en Estados Unidos.
Durante estos últimos años de formación académica gracias a la educación pública, hemos alcanzado algunos logros resultado de nuestra insistencia y el apoyo de autoridades universitarias que nos abrieron la oportunidad de desarrollar proyectos relacionados a la ingeniería espacial que motivaron nuestro interés en participar en competencias internacionales y visibilizar que en una universidad pública también hay talento de talla internacional.
Entre el estudiantado logramos:
1. Lanzar un pico-satélite a la estratosfera y rompimos un récord de altura alcanzando los 48 km de altura. Esto lo lograron más de 40 alumnos de los primeros semestres del CULagos con la colaboración de miembros de la Agencia Espacial Mexicana (AEM).
2. Realizar el 1er Encuentro Space CULagos: “Una visión hacia el futuro” donde participaron más de 5,000 asistentes de 14 países, entre ellos; Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, Egipto, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, India, Perú y Puerto Rico.
A raíz de esto formamos una organización de investigación y divulgación científica llamada Space Culagos. Fue a través de esta organización que realicé mi postulación al programa International Air Space Program (IASP) en Alabama, Estados Unidos.
Mi proceso para asistir al IASP fue largo y complejo, pasé por 6 fases en las cuales argumente mis motivaciones, tuve entrevistas y hasta un examen sobre conocimiento del área. Al finalizar todo, me llegó el correo más gratificante de mi vida, fui elegido para conformar un grupo de 60 estudiantes de todo el mundo.
Sin embargo, la felicidad la acompañó la enorme barrera que enfrentamos muchos jóvenes que estamos en universidades públicas; la escasez de recursos económicos. El costo del programa era de más de 4,000 USD y en
un país donde según el INEGI en promedio el 60% de la población gana entre 185 y 370 dólares mensuales un gasto de este tipo resulta imposible, pero nuevamente esa complicación no me detuvo y entre todos mis amigos, familiares y vecinos que incluso me aportaron de 10 ó 15 pesos logramos alcanzar la meta para ir al IASP.
Ya en la competencia durante toda una semana estuvimos estudiantes de todo el mundo experimentando una variedad de actividades enfocadas al campo espacial, entre las actividades destacadas que realizamos pudimos
volar una avioneta, entramos a un simulador para experimentar la gravedad 0, construimos un cohete y hasta realizamos una misión análoga en un simulador de la Estación Espacial Internacional.
Durante la competencia 2021 participaron 120 alumnos y alumnas de diferentes partes del mundo, ya que se juntaron las 2 ediciones 2020 y 2021. Los países que conformaron esta edición fueron El Salvador, Nicaragua,
India, Estados Unidos y México. Nuestro primer reto fue organizarnos en equipos multidisciplinarios. Ante la diversidad de perfiles y de países pareció en un primer momento una debilidad, lo que al final resultó ser nuestra mayor fortaleza.
Para ejemplificar lo interesante y enriquecedor que fue este equipo, puedo compartirles que durante un taller teníamos que hacer una capa térmica, aislante y que no permitiera el ingreso de la radiación. Teníamos que
diseñar un traje para un astronauta (un huevo), fue interesante estudiar los distintos materiales y diseñar el más correcto para los cambios bruscos de temperatura; que fuera contra el agua y lo protegiera contra la radiación. Al
final nuestro astronauta (el huevo) salió vivo. Al concluir, entendimos el valor de escuchar y ver diferentes puntos de vista, los cuales fueron la base de nuestro éxito.
Nuestro equipo estuvo formado por alumnos de 3 países diferentes, como El Salvador, Estados Unidos y México; con ellos desarrollé el proyecto llamado “Small Mass Orbit Leg” (SMOL) que ayudará a mejorar el sistema de un tren de aterrizaje de un módulo lunar; con tren de aterrizaje nos referimos a los soportes que tiene la estructura al momento de aterrizar en alguna superficie; en la luna las naves espaciales deben de aterrizar verticalmente y es necesario tener un sistema que pueda absorber la energía cinética (es la energía que posee un cuerpo por su movimiento) que ocasiona el alunizaje. Nuestro proyecto fue tan relevante que ganamos el “Grand Prize Overall Design” que condecora al mejor equipo de todos los presentes al tener el mejor diseño y modelo más viable.
Algo interesante de este proyecto es que ayudará a reducir el gasto de combustible y absorberá la energía cinética vertical al momento de aterrizar. Nuestro proyecto se basó en el Apolo 11 y fue pensado en modernizar su tren de aterrizaje y hacer más funcional los aterrizajes en la luna.
El siguiente paso de nuestro proyecto es hacer más pruebas para poder hacer un prototipo y lanzarlo a la Estación Espacial Internacional para su investigación.
Por ello, quiero hacer un llamado a la acción a los tres niveles de gobierno, para exhortarlos a no solo dejar de invertir, sino aumentar el presupuesto en la ciencia y en la educación pública, ya que México cuenta con el talento suficiente para competir a nivel internacional en cualquier área del conocimiento. Solo invirtiendo en la educación podemos hacer posible que los sueños de las niñas y niños, que como yo, nos atrevimos a aspirar a grandes metas, se puedan lograr.
No dejemos de soñar, incluso, con alcanzar las estrellas.
Atentamente;
C. Jesús Ascencio
esteban.ascencio@alumnos.udg.mx
+52 33 1706 5919
Twitter: @ascencio_jea










































































