La política mundial del desarrollo sostenible que se incrustó en los países en su marco legal, académico y económico, se convierte en una estafa colosal de dimensiones socio-ecológica que tiene al planeta al borde del colapso
-El desarrollo sostenible, la estafa colosal que está acabando el planeta (I)
-El desarrollo sostenible, la estafa colosal que está acabando el planeta (II)
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Después de la andanada de críticas en las décadas de los 60´s y 70´s a la política del desarrollo, ya no era posible su defensa, sobre todo porque a la vista estaba lo que observaban los críticos. Era necesario hacer algo al respecto.
La ONU en 1983 crea, mediante la resolución 38/161 de la Asamblea General, la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo a cargo de Go Harlem Brundtland que, cinco años más tarde, publica el informe llamado “Nuestro Futuro Común” donde hacen nacer el término sostenible que, en 1992, en la Cumbre de la Tierra, se convierte en mandato para los países.
Formación académica del discurso
El plan de ejecución ulterior del Programa 21, documento rector del Acuerdo de 1992, mandataba para todos los países en el rubro de educación, “…la preparación de planes y programas de educación para el desarrollo sostenible como se pone de relieve en el programa de trabajo de la Comisión…”
Este plan consistía en naturalizar el discurso en todos los ámbitos como “el comercio y la industria, organizaciones internacionales, la juventud, las organizaciones profesionales, organizaciones no gubernamentales, las instituciones de enseñanza superior, el gobierno, los educadores y las fundaciones” de todos los países miembros.
Una vez socializado la significación de desarrollo sostenible que debía adoptarse en el mundo, la Asamblea General de la misma ONU en 1997, especifican en qué sectores y cómo se tendría que adoptar los conceptos del discurso; uno de esos sectores, la formación académica.
En 1998, la UNESCO, agencia de la ONU para la educación, publica La educación superior en el siglo XXI, una declaración que en su artículo 1, los países firmantes reafirman “la necesidad de preservar, reforzar y fomentar aún más las misiones y valores fundamentales de la educación superior, en particular la misión de contribuir al desarrollo sostenible y el mejoramiento del conjunto de la sociedad”.
Lo sostenible como nueva profesión
Para la introducción del discurso sobre el desarrollo sostenible en los sistemas de enseñanza de países, fue necesario la utilización del aparato de la ONU, creado y manejado por la hegemonía que, como hoy, está a su total servicio, claro, en votación democrática, con el abultado número de países que controla a su antojo. No creo necesario los ejemplos.
A partir de entonces, las instituciones de educación superior (IES) agrupadas en una asociación nacional (ANUIES) han ido integrando el discurso y las palabras desarrollo y sostenible en nuevas carreras, y las ya existentes, en su denominación.
Hoy proliferan careras profesionales como maestría en Gestión de Sostenibilidad, licenciatura en Turismo Sustentable, doctorado en Administración para la Sostenibilidad, ingeniería en Desarrollo Rural y súmele otras muchas más de diferentes disciplinas que le han añadido esas palabras que sirven como soporífero en medio de la agobiante contaminación.
Y pienso en soporífero porque pareciera que la implicación del discurso del desarrollo sostenible lejos de acrecentar la conciencia nos cierra los ojos para no observar que cada vez más estamos contaminando nuestro medioambiente, que es lo mismo que dañarnos a nosotros mismos.
La gerencia del discurso como religión
Los discursos de los que manejan el poder mundial llegan a instalarse en nuestras mentes y se naturalizan para llegar a pensarlo como propio. Muchos gerentes y administradores de universidades son verdaderos centinelas de que el discurso permee en la población estudiantil como una ideología, o más, como una religión.
Y digo religión porque eso que se aprende, se profesa e incluso se enseña, en la práctica se hace todo lo contrario, como algunas religiones que conocemos muy bien.
Esos mismos gerentes de universidades que enseñan el desarrollo sostenible es seguro que no utilicen el transporte público y se trasladen en sus autos, muchas veces de lujo; y es que, por un lado, enseñamos desarrollo sostenible y por el otro somos parte del consumo de productos que se vuelven obsoletos rápidamente que nos hacen rehenes no solo del consumismo sino del propio falso discurso.
La estafa en la realidad que vivimos
Y es que desde que apareció la enseñanza de la sostenibilidad, ya deberíamos haber hecho aquí en Puerto Vallarta un sistema de transporte colectivo no contaminante, eficiente y cómodo que desestimara el uso del automóvil que hoy congestiona las vías y se torna el tráfico agobiante y contaminante como sucede a diario en las grandes ciudades.
En la realidad concreta el no consumir autos es una práctica imposible puesto que de ahí emana realmente el poder de esa hegemonía que hemos venido refiriendo en esta reflexión. El negocio de los autos es lo visible del enorme iceberg de ese grupo dominante dedicado a monopolizar la energía que consume la humanidad.
Ese mismo grupo que hoy tiene al mundo pendiendo de un hilo, es el causante de la desastrosa situación que vive el planeta en materia socio-ambiental y es a la vez, quien impulsa el malicioso pensamiento del desarrollo sostenible que hoy lo envuelve en los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o Agenda 2030.
La farsa de los objetivos sostenibles
Esos ODS es la misma farsa de aquellos Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados en el año 2000 que devinieron de aquella Agenda o Programa 21 que formalizaron el discurso de lo sostenible en 1992.
Todo ha sido una estafa descomunal para el planeta que hoy vive la crisis de una posible guerra que se presume apocalíptica por el uso de armas de destrucción masiva que han acumulado desde la riqueza adquirida mediante acciones fraudulentas que redundan en una estafa de colosales dimensiones criminales de lesa humanidad.
No se descarta que atrás de la autoría de la llamada pandemia del Covid-19, esté el mismo grupo acostumbrado a la farsa y a la estafa social. Hay evidencias de un manejo intencionado de este fenómeno que lo disfrazan de natural y que tiene el objetivo de hacer disminuir la población con la obligada aplicación de vacunas de nanotecnología que, así como la hace la obsolescencia programada con los productos de consumo, programan los decesos.
Esa disminución de población que desde Malthus (1798), Ehrlich (1968) o el Club de Roma (1972), entre otros, se ha venido advirtiendo necesaria para la sobrevivencia humana y que fueron ignoradas por las élites hegemónicas que hoy, con el agua al cuello, actuaron en una criminal acción para corregir lo que no se previó desde aquellas observaciones.
La población se multiplicó por la falta de políticas públicas adecuadas para erradicar la pobreza, la desigualdad y la falta de educación masiva que pudiera prevenir el aumento sin control del crecimiento poblacional en un país donde los hij@s se convierten en la seguridad social de las personas, ausente todavía en nuestros días.
Conclusión
Hoy no queda más que dejar de consumir soporíferos y hacer efectiva la idea de que este planeta no es de unos cuantos que tratan de perpetuar el poder sobre otros por los siglos de los siglos.
Hoy ese desarrollo sostenible se puede cristalizar en la realidad de nuestra vida común, si asumimos en la práctica cambiar los hábitos impuestos en la chatarra de alimentos como las bebidas de cocacola o sabritas, por ejemplo; construir nuestras viviendas desde materiales renovable y no extractivo; elegir gobernantes desde el poder ciudadano y no desde las élites.
Saber con certeza la calidad de alimentos que consumimos y no ser clientes perennes de la industria farmacéutica. Cambiar el pensamiento de la competencia por el de la solidaridad. Dejar de ser prisionero del lujo o del consumo masivo de lo material y trocarlo por lo necesario para vivir bien en una cómoda austeridad. Más cultura y menos entretenimiento.
Mientras no suceda un cambio en nuestros hábitos y pensamientos impuestos bajo la idea de que el pez grande se come al pez pequeño, la humanidad no tendrá el desarrollo sostenible porque siempre será una estafa que se traduce en resistencia de los que, históricamente les ha tocado vivir la lucha entre unos humanos que se aprovechan de otros.
La historia de la explotación del humano por el mismo humano nos lleva a miles de años atrás que se agudizó a partir de la difusión del conocimiento (1450) y que fue acaparado mediante patentes por un grupo social oligárquico rapaz, sanguinario y criminal que, a pesar del tiempo, sigue actuando impunemente contra el gran resto de la humanidad para su beneficio sectorial.
Termino afirmando que la política de desarrollo sostenible aplicada en estos últimos 73 años (1949-2022), nos ha llevado a una crisis humanitaria y planetaria sin paragón. Ha habido guerras y civilizaciones humanas perdidas, pero nunca por ese conocimiento malévolo de lo nuclear ya usado y comprobado como exterminio total.
Y aquello de “no comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” es absolutamente falso en nuestra cotidianidad; puesto que el mundo se enfrenta a la destrucción masiva, no solamente de las generaciones futuras, sino de todo lo que habita en el planeta.
Amerita una reflexión sin pasión ideológica.
El discurso del poder sobre el esquema de desarrollo sostenible que ha penetrado las estructuras político-social del país, lejos de las palabras, está produciendo lo contrario: un desarrollo insostenible.
La construcción del desarrollo sostenible manejado desde el grupo hegemónico que lo impulsó, en una falsa legitimación a través de la ONU que controlan a su antojo, llegó a la par con el surgimiento del neoliberalismo, que pulió el robo y el saqueo envuelto en la bandera de la democracia. No es menos la duda.
Es una Estafa Colosal, como aquello tan exacto que describió Eduardo Galeano “…porque de algún modo son todas las riquezas que han resultado de un proceso histórico de estafa colosal…”
No exagero si lo cuento.







































































