A excepción de Cuautitlán, Mezquitic y Bolaños, en los restantes 122 municipios de Jalisco no se registra pueblo indígena alguno. ¿Qué pasó con la población indígena que habitaba la costa de Jalisco?
¿Cuántos indígenas mató la invasión europea al continente americano?
Cuando hablemos de la llegada de los europeos en lo que ahora se le denomina el continente americano, no solo debemos hablar sobre la apropiación de la tierra y el hurto de la riqueza de los recursos naturales que todavía practican, ni tampoco de la imposición de su sistema de vida e idiosincrasia, también tenemos la obligación de abordar el tema del exterminio total de personas y del holocausto de pueblos enteros en muchas partes de esta porción del globo que antes del Siglo XV era desconocido para el resto del planeta.
Sobre exterminios de seres humanos podemos referir eventos en todo lo largo y ancho de América, tanto del Norte que “durante un tiempo, los ingleses lo intentaron con tácticas más suaves. Pero después se decantaron por el exterminio. La población de 10 millones de indios que vivía en el norte de México al llegar Colón se reduciría finalmente a menos de un millón…” (Zinn Howard, 2005:17).
E igualmente en el Sur, donde “la conquista arrasó los suelos para implantar cultivos de exportación y aniquiló las poblaciones indígenas en los socavones y los lavaderos para satisfacer la demanda de plata y oro en ultramar. La alimentación de la población precolombina que pudo sobrevivir al exterminio empeoró con el progreso ajeno” (Galeano, Eduardo, 1971:355).
En México igual abundan las historias de exterminio por parte de los invasores españoles que se apoderaron de la riqueza del país. Historiadores como Vicente Riva Palacio que escribe la Historia del virreinato (1521 – 1807) en la prolija colección de México a través de los Siglos, hace una descripción a modo de explicación del porqué del exterminio de personas.
El holocausto indígena en México
Se cuenta que a la llegada de los españoles a México (1519), la población indígena que lo habitaba se contaba en millones de personas y, desde entonces hasta los finales del Siglo XVI (1595) esa población había disminuido “en una cifra verdaderamente espantosa. Los religiosos franciscanos y dominicos que presenciaron aquella catástrofe, se lamentaban de ella en todos sus escritos…”, afirma el historiador mexicano Vicente Riva Palacio.

Mucho tiene que ver la influencia mortal de las enfermedades que trajeron los españoles como la viruela, el sarampión o la tifoidea que seguramente mató a miles de habitantes, pero la violencia desmedida ejercida por los españoles llevó a cambiar, por cuenta propia de los indígenas, el futuro de su generación.
Lo anterior, abre un portal para la investigación en relación al renuncio de no ser poseído como una bestia de carga o de obediencia ciega, vista desde la explotación de un ser humano por otro. Este paréntesis es importante porque los autores refieren ligeramente pasajes que obligan a una mayor profundidad sobre esa importante decisión colectiva.
La esclavitud, es un cáncer social muy añejo que se ha justificado muchas veces de necesario para el progreso de la humanidad (sic), y los millones de indígenas que perecieron en aquel fuego quemante (holocausto) de avaricia, maldad y rapiñería española, decidieron por sí, su suerte y la de sus descendientes: no vivir esa justificación para la práctica de la esclavitud.
A pesar de estar prohibida la esclavitud por órdenes de la reina Isabel la Católica, pues los habitantes originales eran vasallos más no esclavos (sic), la práctica entre los llamados “conquistadores”, era obedecer la Ley, pero no cumplirla.

Esa esclavitud a rudos e insoportables trabajos, abusos inconfesables, mala alimentación y contagiados por las enfermedades microbianas y bacteriológicas mencionadas, “los hacían perecer por millares en los trabajos de las minas y las labores del campo. Y aparte de eso, la cautividad reducía por el efecto fisiológico, la reproducción; y los indios, en su desesperación, rehusaban acercarse a sus mujeres por no tener hijos sujetos a la misma suerte que ellos” (p.478).
Esto último, la repiten diversos autores que han estudiado ese fenómeno en las costas de Jalisco.
Exterminio de indígenas en la costa de Jalisco
Si en el estado de Jalisco no hubiera habido un impresionante exterminio masivo, estaríamos conformados como hoy lo está el estado de Oaxaca, por ejemplo. Pero aquí en Jalisco, pareciera haberse establecido las características práctica-ideológicas de Nuño de Guzmán, que fue “quizá el hombre más perverso de cuantos hasta entonces habían pisado la Nueva España” (Riva Palacio, 1884:147).
Existen testimonios escritos, como el mismo Nuño de Guzmán, los relatos de Fray Antonio Tello o los registros que guardan celosamente las iglesias de Compostela, Villa de Purificación o la de Tomatlán, que prueban la existencia de miles de personas que habitaban las costas de Jalisco.
En su Crónica Miscelánea de la Provincia de Xalisco de Fray Antonio Tello, cuenta que “…todos los españoles vieron un pueblo hermosísimo, muy grande de más de 10 mil indios llamado Tintoque casi un cuarto de legua de donde estaban; así que les divisaron a la entrada del valle, salieron a defender la entrada del pueblo más de veinte mil indios armados de arco y macana y dardos arrojadizos, con mucha plumería y embijados y cada indio traía en la mano y en el carcaje una banderita de plumería de diversos colores…” (p.41).
El párrafo anterior describe lo que ahora es la llamada Bahía de Banderas explorada por los españoles por primera vez, menciona Tello en el escrito, en 1527 en una expedición al mando de Francisco Cortés de San Buenaventura.
El frayle describe el encuentro con los banderas “y otro día fueron por aquel valle, y todos aquellos pueblos que eran grandes, y había más de cuarenta cabeceras con los pueblos y se juzgó haber más de cien mil indios y toda aquella costa llena de sementeras de maíz de regadío y algodón (p.46) …llegados al pueblo (Tuito) les salió a recibir mucha gente de paz, con coronas y escapularios (p.47)
…llegó el ejército á un río poblado de mucha cacería, que al parecer tenía diez mil indios, llamado Tomatlán y le pusieron el pueblo y río de la Pascua (p.49) …partieron de este pueblo de la
Pascua y Valle, el segundo día de la Resurrección para el de Satira, Chola y Chiamila y hallaron aquellos campos llenos de gente bárbara que habían salido sólo á verlos (p.50).
fueron en demanda del de Chiamila, y caminando por aquel valle, estaba tan lleno de pueblos y eran tanta gente que les seguían, que pasarían de diez mil (p.54) …hasta este pueblo habían visto los españoles más de doscientos mil indios, y en este año de 1653, no hay en toda la costa cuatrocientos (p.54)… ” (Tello, 1891: Capítulos XVIII, XIX, XX).
Si los españoles a su paso por la costa en 1527, pudieron ver más de 200 mil indígenas, según Tello, podría pensarse en varios miles más la cantidad de personas que habitaban tierra adentro hasta la Sierra de Cacoma.
Aunque hay autores que han contradicho a Tello y mesuran sus cálculos, la lógica de la cantidad de ríos que abundan, los cultivos y el comercio que se usaba antes de los hispanos, nos permite calcular la población, en toda la costa de Bahía de Banderas a la bahía de Manzanillo, Colima, alrededor del millón de personas.

Desaparición de pueblos enteros
Ramón Goyas Mejía, investigador que ha estudiado la desaparición de habitantes y pueblos indígenas, confirma y describe lo narrado por otros autores de cómo se fue despoblando la región dramáticamente.
Goyas menciona que fueron las guerras, las enfermedades epidémicas, la extrema violencia y los abortos inducidos de mujeres indígenas que no querían que sus hijos sufrieran la misma desgracia humana que ellos padecían. Algo muy parecido a lo que dice Riva Palacio sobre los hombres que no querían tocar a su mujer para evitar descendencia.
Estas aseveraciones solo son menciones que ameritan más que solo unas líneas; porque elegir el destino de la vida, no es una decisión sencilla. Esto nos lleva a preguntar, ¿es decisión del esclavo y del vasallo vivir como esclavo y vasallo? ¿Solo es esclavo y vasallo el que vive o igual los descendientes? Quizá amerita una reflexión más profunda en otra entrega.
Para 1600, 73 años después de la primera exploración, los 40 españoles que quedaron en Villa Purificación vivían en condiciones de destacada pobreza “debido a la mortandad de indios en el área, pues eran la mano de obra empleada por los españoles en estancias, haciendas y labores, principalmente en las huertas de cacao”. (p.419).
Pueblos como Melaguacán, Satira, Culeque, Cusmini o Guamuchal han sido mencionados como entidades tributarias en los diferentes escritos pero después, ya no se vuelven a mencionar en los registros posteriores.
“Cacalotitlán por ejemplo, tributaba anualmente 22 fanegas de maíz y 10 pollos en 1564 (Borah, 1994, 171), lo que indica que contaba con pocos tributarios, luego deja de mencionarse por lo que no se sabe la fecha exacta y las condiciones de su despoblamiento.
Los pueblos de Atelaco y Culeque, según Woodrow Borah, a mediados del siglo XVI tributaban en conjunto, pero no se vuelve a hablar de ellos en décadas posteriores… En síntesis, en poco menos de cien años, la población indígena prácticamente había desaparecido” (Goyas, 2017:220).
¿Quién es el responsable?
La desaparición de los pueblos indígenas de la costa ¿se dio por causas naturales o existe una responsabilidad que no se ha querido asumir?
Si fue por causas naturales, ¿cómo se puede explicar una desaparición total?
Si es por una responsabilidad civil, es tiempo de acatar y hacer justicia.
Para saber cuál es la respuesta, se debe de asumir compromisos de exigir abrir bibliotecas, hacer públicos documentos históricos, apertura de los archivos de las iglesias que fungían como oficinas de registro público de la época de la colonia o invertir en investigación dedicada a encontrar la verdad de los hechos y asumir la responsabilidad que a cada uno nos toca de esta tragedia humana de exterminio masivo.
Basado en estos nefastos eventos, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador ha propuesto a los españoles asumir su responsabilidad y ofrecer disculpas a los pueblos originarios. Pero hasta ahí. Solo disculpas. Ni siquiera pidió la reparación del daño para que esto no vuelva ocurrir jamás.
Pero, qué cosa, tanto el gobierno como la corona española (sí, todavía existe), no solo se han negado, sino que han incitado a la prensa y la comunidad intelectual de España y Latinoamérica a la mofa y al denuesto sobre la propuesta pedida.
La importancia de la verdad histórica repercute directamente a la hora de asumir roles en sociedad, por ello su importancia. Lo impune hace que se repita, se repita y se repita. No hay mucho que explicar a eso.
Fuentes:
- Zinn, Howard (2005). La otra historia de Estados Unidos, desde 1492 al presente. A People’s History of the United States: 1492 to present.
- Galeano, Eduardo (1971). Las venas abierta de América Latina. Siglo XXI editores. México.
- Riva Palacio, Vicente (1884). México a través de los Siglos. Tomo Segundo: El Virreinato. Edit. Espasa y Compañía (España) y J. Ballescá y Compañía (México).
- Tello, Antonio (1891). Libro Segundo de la Crónica Miscelánea en que trata de la conquista espiritual y temporal de la Santa Provincia de Xalisco en el nuevo reino de la Galicia y Nueva Vizcaya. Imprenta de la República Literaria.
- Goyas, Ramón (2017). Selvas yermas. Los pueblos de indios desaparecidos en la costa sur de la Nueva Galicia durante el periodo colonial. Revista de Historia Regional y Local ISSN: 2145-132X [vol 9, No. 17] Enero – junio de 2017. Universidad de Guadalajara.