Por Javier Orozco Alvarado
Ex rector del Centro Universitario de la Costa Universidad de Guadalajara
Todo el mundo está a la expectativa de las acciones que pudiera emprender Donald Trump, frente a México, Canadá, China, en el conflicto Rusia-Ucrania, en Medio Oriente o en cualquier otro rincón del planeta, una vez que tome posesión el próximo 20 de enero. Por lo pronto nuestro país ha comenzado a emprender una serie de acciones para anticiparse a las amenazas que ha proferido el próximo presidente de los Estados Unidos.
Aunque no podemos decir que es demasiado tarde o que es demasiado apresurado, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha desplegado diversos operativos que van desde incautar mercancías chinas en la Ciudad de México y en Hermosillo, Sonora, hasta advertir que se tendrá un estricto control de las aduanas para combatir el contrabando y la piratería.
Igualmente, bajo el “Operativo Enjambre”, el Secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, dio a conocer recientemente la detención de varios cabecillas de diversos grupos criminales, así como la detención de funcionarios de gobierno de seis municipios del Estado de México, quienes estaban involucrados con el crimen organizado.
Pero lo más destacado de estos operativos ha sido el reciente decomiso de más de una tonelada en pastillas; uno de los mayores golpes que se ha dado al crimen organizado como en ninguna otra parte del mundo.
En cumplimiento con los señalamientos de Donald Trump, el gobierno mexicano no sólo ha emprendido todas estas acciones, sino que solicitó al senado de la república autorización para permitir el ingreso de un comando del ejército de los Estados Unidos a México para capacitar y entrenar al ejército mexicano en labores de combate al crimen organizado y actos de terrorismo.
Podemos decir que el gobierno mexicano se ha estado anticipando a dar respuesta a lo que el nuevo presidente de los Estados Unidos exigirá a México para resolver los temas de narcotráfico, migración y competencia desleal.
Si bien es cierto que Donald Trump ha amenazado a México con imponer aranceles del 25% a las mercancías mexicanas si no toma acciones en todos estos asuntos; lo cierto es que atender prematuramente esas demandas genera cierta vulnerabilidad porque nuestro país podría ser obligado a dar respuesta a otros temas relacionados con medio ambiente, transición energética o mayor dependencia de ese mercado.
Lo primero que México debe tener en cuenta es que el mundo no puede volver a ser un sistema autárquico; que ningún país puede vivir en la autarquía y, mucho menos los Estados Unidos, porque el 80% de las empresas instaladas en todo el mundo son norteamericanas. Los primeros que saldrían perdiendo son sus propias empresas instaladas en nuestro país, así como los consumidores norteamericanos.
La integración comercial de México y Estados Unidos ha sido una integración natural y silenciosa, no una integración estratégica como la de los países europeos o el reciente acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión europea; ambos países son fuertemente interdependientes
Lo cierto es que debimos esperar a ver que otras ocurrencias aparecían en la cabeza de Trump para entonces poner manos a la obra. Por lo pronto, con una sola amenaza estamos haciendo todo lo que él esperaba que hiciéremos.













































































