Por Javier Orozco Alvarado, Investigador del Conachyt.
Después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos se convirtieron en el principal guardián del mundo Occidental, así como en el más próspero inversionista en la reconstrucción económica de la posguerra. Desde entonces, el mundo quedó dividido bipolarmente entre el bloque capitalista y el bloque socialista, representado éste por la extinta URSS.
A partir de ahí se inició una carrera economicista y armamentista, en la que el capitalismo occidental fue superando gradualmente al socialismo soviético hasta su desmantelamiento con el inicio de la perestroika en 1985.
La superioridad de los Estados Unidos se logró gracias a su expansión militar, comercial y financiera entre los países devastados por la guerra, con la creación de la ONU y sus organismos auxiliares entre 1944-1945. Paralelamente, fue instaurando dictaduras en países donde fue posible para evitar la expansión del comunismo; pero la grandiosidad de su imperio comenzó a debilitarse con el inicio del neoliberalismo y el surgimiento de un nuevo orden multipolar a partir de la década de 1980.
Por eso, el “MAKE AMERICA GREAT AGAIN” de Donald Trump, busca recuperar a toda costa el poderío casi unilateral que tuvieron los Estados Unidos durante cerca de cinco o seis décadas.
Lo que estamos viendo en este segundo mandato de Trump, es su ambición por controlar el mundo como en el pasado, invadiendo países donde hay petróleo, mercados o posibilidades de inversión, bajo el pretexto de frenar la producción de armas químicas como en Irán; combatir el narcotráfico, como en Venezuela, Colombia, Brasil o México y desmantelar gobiernos autoritarios, antidemocráticos, como en Cuba y Nicaragua, que han llevado a sus pueblos a la miseria y la pérdida de libertades.
Y no es que estas realidades sean un invento de Donald Trump o que no vivamos en carne propia esta situación en todos y cada uno de estos países en los que Estados Unidos quiere imponer su expansión neo imperial.
Su falta de respeto a la soberanía de los pueblos es una mezcla de oportunismo político que responde a nuestra falta de autodeterminación y nuestra incapacidad para entender que la soberanía no solo tiene que ver con la defensa del territorio ante la amenaza externa. La soberanía tiene que ver también con el compromiso de los gobiernos para garantizar la soberanía alimentaria, la soberanía energética y la soberanía democrática para evitar la dependencia con otros países.
Para entender el nuevo orden neo imperial de Trump, debemos entender que ni él, ni los regímenes autoritarios, militaristas o geo expansionistas respetan los acuerdos de Bretton Woods o la ONU. Ni China respeta las políticas antidumping, ni los Estados Unidos la soberanía de los pueblos, ni Oriente Medio la proliferación de armas nucleares, ni los países latinoamericanos las clausulas democráticas.
Es tan contradictorio el ambiente internacional que nuestro país pide la intervención de la ONU en los conflictos armados o la no intervención en asuntos internos de los países; mientras sigue respaldando la dictadura cubana, omite las observaciones de ese organismo sobre desaparecidos en México, exige una soberanía que termina protegiendo al crimen organizado e ignora los señalamientos internacionales sobre la ilegalidad de nuestro sistema judicial.










































































