Los mexicanos somos un pueblo de profundas creencias y fuertes tradiciones. Durante décadas confiamos en el PRI, luego en el PAN y ahora en Morena. Nuestra fe en los discursos políticos, incluso los de las mañaneras, revela cuánto creemos en promesas, ideales… y a veces, en milagros.
Por Javier Orozco Alvarado, Ex rector del Centro Universitario de la Costa Universidad de Guadalajara.
Los mexicanos somos un pueblo noble, con arraigadas tradiciones y profundas creencias políticas y religiosas. Durante casi ochenta años creímos en la demagogia del PRI, después, durante dos sexenios en la del PAN y ahora en la de Morena; somos tan tradicionalistas y tan creyentes, que creemos en los milagros y en lo que desde el púlpito de las mañaneras nos han dicho cotidianamente desde el sexenio pasado.
Nos la creímos que somos un pueblo sabio, que son primero los pobres, que no hay endeudamiento, que la economía va muy bien, que el crimen organizado se combate desde sus causas, que no hay despilfarro, corrupción, fentanilo ni guachicol; que PEMEX y CFE son empresas auto financiables. Vamos, que los morenistas son más honestos que sus antepasados, que practican la austeridad republicana, que han instaurado un nuevo régimen y una democracia perfecta, porque hora quienes eligen y gobierna es el pueblo.
Pero la triste realidad no la ve nuestro querido pueblo sabio, quienes bimestralmente reciben una modesta ayuda pública o unas monedas por su voto en periodos electorales, patrocinados con endeudamiento público o con dinero del crimen organizado; es más, no saben ni cuáles son los tres poderes de la Unión, por quienes votan por dinero o con acordeones.
Si me disculpan, nuestro pueblo no entiende que es el PIB, la Balanza de Pagos, la Balanza Comercial, el Déficit Público, la deuda Pública, etc.; todo lo que cualquier político morenista domina a la perfección en su retórica para decir que vamos bien y que estamos ante la gran transformación de la vida nacional.
Es verdad que nadie está obligado a entender de ciencia económica, pero no se debe abusar de la nobleza de todo un pueblo. Primero, porque crecer económicamente 0.9 o 0.7%, durante más de un sexenio, contra un crecimiento anual del 2.5% de nuestra población y sus necesidades; es una engaño. Inducir el voto con dinero o con acordeones no es democracia, sino manipulación política y electoral.
Los apagones de CFE, el robo de combustible a PEMEX y el endeudamiento para su rescate no es eficiencia, sino inoperancia y corrupción. Además, un saldo positivo de +10.6% de nuestra balanza comercial en 2025, según el INEGI, significa que los mexicanos cada vez tenemos menos dinero para comprar en el exterior; lo que contrasta con una caída de -30.4% en nuestras ventas petroleras y de -2.2% en las agropecuarias.
Austeridad republicana no son los festines que organiza el diputado Pedro Haces, acompañado del “izquierdista” Gerardo Fernández Noroña o las vacaciones de lujo que disfrutan en el extranjero Andy López en Japón, Monreal en Madrid o Mario Delgado en Portugal. Y olvidaba decir que, tener un cártel propio como la barredora, al mando de colaboradores del senador morenista Andán Augusto López; no es acabar con la delincuencia organizada desde sus causas, sino gobernar en colusión o de la mano con el crimen organizado.
En fin, espero que este pueblo noble, bueno y sabio, no tenga que esperar otros ochenta o casi cien años para reemplazar un gobierno conformado con ex priistas, ex panistas, uno que otro ex perredista y muchos arribistas más de otros partidos políticos.










































































