El hallazgo de seis cocodrilos muertos en un periodo aproximado de dos semanas encendió las alertas entre autoridades ambientales, especialistas y organizaciones dedicadas a la conservación de la fauna silvestre en la región de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas.
De acuerdo con reportes difundidos por medios locales, cinco de los ejemplares fueron localizados en Puerto Vallarta y uno más en Bahía de Banderas. Aunque las autoridades mantienen abiertas las investigaciones, hasta el momento no existe un dictamen oficial que determine las causas de los decesos.
Entre las principales hipótesis planteadas por especialistas se encuentra el incremento de conflictos territoriales entre machos adultos. Conforme disminuyen y se fragmentan los humedales y esteros debido al crecimiento urbano, los cocodrilos de mayor tamaño se ven obligados a competir por espacios cada vez más reducidos, lo que puede derivar en enfrentamientos mortales.
Sin embargo, esta explicación aún no ha sido confirmada por las autoridades. También se analizan otras posibles causas, como lesiones provocadas por actividades humanas, enfermedades o distintos factores ambientales.
La preocupación no es nueva. Investigadores del Centro Universitario de la Costa (CUCosta) de la Universidad de Guadalajara han advertido desde hace varios años que la población de cocodrilos en la región enfrenta amenazas constantes derivadas de la pérdida de hábitat, atropellamientos, agresiones directas y conflictos con las personas. En 2018, especialistas señalaron que más de 15 cocodrilos de gran tamaño habían muerto en la región por causas relacionadas con la actividad humana.
La Bahía de Banderas alberga una de las poblaciones más importantes de cocodrilo americano (Crocodylus acutus) en el Pacífico mexicano. Esta especie se encuentra protegida por la legislación ambiental nacional y desempeña un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas de esteros, manglares y ríos.
El reciente incremento en los avistamientos y los hallazgos de ejemplares muertos coincide con una mayor presión sobre los ecosistemas costeros y con una temporada de lluvias que favorece el desplazamiento natural de estos reptiles hacia nuevos cuerpos de agua.
Especialistas insisten en que, mientras concluyen las investigaciones, es indispensable fortalecer la conservación de los humedales, reducir la invasión de su hábitat y promover la convivencia responsable entre la población y esta especie, cuya presencia es un indicador de la salud de los ecosistemas costeros.
Fuente: Boletin