Haciendo gala en todo momento de una gran sangre fría, el presidente ruso, Vladímir Putin, expuso ante el Club Valdái los detalles del pulso que Occidente mantiene con el resto del mundo. Rusia, con extrema paciencia, no responde a ninguna provocación para evitar verse arrastrada a una Tercera Guerra Mundial. Afortunadamente, la influencia real de un Occidente belicista está en lento retroceso.
El 30 de septiembre, después de 23 años de hemorrágica ocupación, Estados Unidos “se retira” militarmente de Irak, pero mantiene el control de los ingresos petroleros del país –¡que sólo aportaron 99 000 millones de dólares en 2024!– inmediatamente incautados en el banco de la Reserva Federal de Nueva York por supuestos “daños de guerra” [1].
Todavía el gobierno de Estados Unidos no le otorga la “soberanía financiera” al gobierno de Irak, encabezado por el primer ministro y comandante de las fuerzas armadas, Alí al-Zaidi, banquero y empresario de profesión.
Un día después, en la principal ponencia del Club de Discusión Valdái –uno de los principales think tanks en los que se expresa la cosmogonía de Rusia sobre el orden mundial [2]–, el presidente Putin emitió un trascendental discurso de alcance geoestratégico, donde recalcó: «Hasta ahora, la política occidental ha tenido como objetivo infligir una derrota estratégica a Rusia». Según Putin, los continuos intentos por lograr dicha derrota podrían conducir a una tercera guerra mundial.
Sputnik, en su versión en inglés, cita a Dimitri Suslov, vicedirector de Investigación de Defensa y Relaciones Exteriores del Consejo Ruso, quien adujo que el mensaje nodal de Putin radica en que la escalada con la OTAN puede alcanzar un «punto de no retorno» más rápido de lo esperado.
Suslov identifica 3 factores clave de riesgo:
- La resistencia de Occidente a un mundo multipolar,
- La escalada de las élites europeas para ocultar sus fracasos internos.
- La inminente derrota de Ucrania, que empuja Occidente a una confrontación directa para mantenerla a flote.
Suslov enfatizó la severa advertencia de Putin –«Rusia usará todas sus fuerzas y medios si Kaliningrado es atacado»– ante la cada vez más pugnaz OTAN que amenaza capturar el enclave ruso de Kaliningrado, buscando puntualmente la decapitación demográfica de rusos.
Kaliningrado constituye un enclave ruso situado entre Polonia y Lituania, en la costa del mar Báltico: superficie de 15 125 kilómetros cuadrados, más de un millón de habitantes, cuyo 91,3% son rusos.
En Valdái, Putin expuso los intentos de Occidente por destruir a Rusia: «El mundo debe reflexionar sobre qué medidas hay que tomar para evitar los escenarios más catastróficos, en los que la humanidad podría verse abocada al borde de la extinción» [3]. Explayó que los países de la Unión Europea pueden «colapsar por sí solos», debido a sus errores económicos [4] y expresó que mantiene muy buenas relaciones con Trump [5].
Definió además que la verdadera influencia global de Occidente se encuentra en declive y que «un grupo de países occidentales goza actualmente de una amplia influencia desproporcionada en la ONU» [6]. En otro orden de cosas, el presidente ruso advirtió que la proliferación de la inteligencia artificial (IA) puede desembocar en el totalitarismo digital y recalcó que si la IA puede ser un instrumento útil, cualquier decisión política final debe permanecer en manos de los humanos.
También indicó que una guerra convencional puede escalar a un conflicto nuclear e ilustró el riesgo de las armas nucleares recurriendo a la metáfora de la pistola del escritor ruso Anton Chéjov: «Si al principio de una obra hay una pistola colgada en la pared, al final, seguro se dispara».
No pasó desapercibido que Putin alabara a Irán cuando el mundo «se asombra de su valor, heroísmo y resiliencia», al tiempo que elogió a los dirigentes del ejército iraní y los Guardianes de la Revolución Islámica «dispuestos al sacrificio en nombre de su pueblo».
Putin calificó de «error tremendo» el asesinato del dirigente iraní Alí Larijani, quien fuera secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Por cierto, Zhang Hanhui, el embajador chino en Moscú, comentó que una reunión de los mandatarios de Rusia, China y Estados Unidos en la cumbre del Foro APEC, en Shenzhen, China, el 18 de noviembre sería «muy útil», debido a que «el futuro de este mundo depende de nosotros», es decir, del inevitable nuevo orden tripolar.
Fuente original y créditos de la imagen: Red Voltaire