Por Javier Orozco Alvarado
A riesgo de equivocarme, hoy veo que en México existen dos Estados; un Estado dirigido por el expresidente López Obrador y otro administrado por Claudia Sheinbaum. El primero, es el de un ex presidente que mantiene en el Senado, la Cámara de diputados, gobernación y varias gubernaturas, a la gente que incondicionalmente obedece órdenes desde Palenque, mientras que; en el segundo, tenemos una presidenta que se hace cargo de algunas secretarías de Estado y de la defensa de la militancia partidista.
Tenemos un Estado que protege narco políticos en nombre de la soberanía nacional y otro que cede la soberanía a la delincuencia, poniendo en riesgo la soberanía externa. Un Estado deshumanizado frente a las madres buscadoras, los transportistas, los campesinos y los desaparecidos y un Estado humanista con el pato mundialista y su familia.
Vivimos en un Estado que controla Fiscalías, tribunales e institutos electorales para garantizar impunidad a sus aliados y otro que persigue disidentes, comentócratas y opositores; en un Estado sin diplomacia, que insulta a sus principales socios y otro que respalda y subsidia regímenes autoritarios.
En resumen, Morena no es México para anteponer la seguridad del país en defensa de militantes corruptos y criminales; Morena no es el Estado, para sacrificar en su nombre la economía del país, ni poner en riesgo nuestros acuerdos y las relaciones internacionales.
Los insultos de Andrés Manuel al gabinete de Trump y su falta de criterio frente a la derecha; los señalamientos de su desinformación por Claudia Sheinbaum o los insultos de la morenista Manuela Obrador, llamando “asqueroso”, “tirano” y “misógino” al presidente, forman parte de la colección de insultos del Estado mexicano a nuestro principal vecino.
Las provocaciones al gobierno de Trump y la violación de los Tratados de Extradición siguen poniendo en riesgo la ratificación del tratado comercial (T-MEC) y la amenaza de una intervención quirúrgica hacia los cárteles u objetivos precisos.
La existencia de narco alcaldes, como el de Tequila, el narco gobernador sinaloense Rubén Rocha y el narco senador Enrique Inzunza, son prueba fehaciente de un partido corruptor que cuenta con el apoyo del Estado, a pesar de sus pésimos gobiernos; como el de la administración pasada en Puerto Vallarta; el gobierno morenista de Tlaquepaque, acusado de abuso de autoridad y adjudicaciones directas y el de Tonalá, por nepotismo y corrupción.
Por eso, los señalamientos de Donald Trump ante los países miembros del G7 no son infundados y reflejan la percepción que se tiene de México en el mundo; de ser un país gobernado por funcionarios corruptos y por el crimen organizado.
Aunque nadie quiere que le vaya mal al país, el Estado se empeña en poner en riesgo ante los Estados Unidos y el resto del mundo, la seguridad de los mexicanos, el congelamiento de las inversiones, la paralización del comercio y el prestigio del que había gozado México en Latinoamérica y en la comunidad internacional.
Por eso, vivimos en dos Estados, en el de los mexicanos sin privilegios y en el que ha construido Morena para su propio provecho.