Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en la cuenta de X del Arzobispo Viganò. Traducción automática del italiano.
Por Carlo María Viganò
(LifeSiteNews) — El 6 de mayo de 2021, mientras el mundo entero aún estaba bajo el yugo de la dictadura sanitaria, la Santa Sede organizó — bajo el auspicio del Pontificio Consejo para la Cultura — una conferencia titulada “Explorando la Mente, el Cuerpo y el Alma. Unirse para Prevenir y Unirse para Curar.” La apertura no estuvo a cargo de un teólogo, ni de un pastor, ni de un defensor de la ley natural. Fue Anthony Fauci. A su lado, Deepak Chopra, Chelsea Clinton… y, en el programa, los principales ejecutivos de Pfizer y Moderna.
La misma Santa Sede que debería haber alzado su voz contra la mentira, contra la experimentación masiva, contra la suspensión de derechos fundamentales, colaboró activamente con los arquitectos de lo que ha sido — y sigue siendo — una de las mayores operaciones de control social y fraude sanitario en la historia contemporánea: un verdadero crimen contra la humanidad.
No pueden decir que no lo sabían.
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No pueden decir que no fueron advertidos. Yo mismo denuncié el fraude pandémico desde mayo de 2020 y escribí dos veces a la Congregación para la Doctrina de la Fe para alertar contra la adhesión acrítica a una narrativa pseudocientífica que contradecía no solo la prudencia, sino los principios no negociables de la moral católica. Fui ignorado y marginado. Como muchos otros.
El evento de mayo de 2021 no fue una “simple conferencia.” Fue una demostración pública de complicidad. La Santa Sede no se limitó al silencio: ofreció su autoridad moral y su imagen a quienes, en nombre de la “salud,” impusieron limitaciones a las libertades fundamentales, discriminación, chantajes y, sobre todo, sueros experimentales que han causado la muerte de millones de personas: una verdadera y continua hecatombe por los daños causados por esos sueros.
Bergoglio —quien pasará a la historia como responsable del exterminio planificado de millones de personas— ha ido a su destino, pero muchos de sus colaboradores más cercanos aún permanecen en sus cargos. Prevost siguió la narrativa de la farsa pandémica promoviendo mascarillas, distanciamiento social y vacunaciones masivas. Si Leone continuara apoyando hoy la narrativa oficial, justo cuando el fraude sanitario ya es reconocido oficialmente, solo confirmaría la continuidad con Bergoglio en este aspecto también.
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Quien permanezca en silencio ante el crimen, o peor aún, lo legitime con su consentimiento, se vuelve corresponsable.
Que esto no se olvide.
Que quede escrito.
Fuente: LifeSite