La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA), dependiente del Pentágono, ha solicitado el desarrollo de biolaboratorios completamente autónomos donde la inteligencia artificial (IA) y los robots sustituyan a los científicos. Aunque el objetivo oficial es «acelerar el descubrimiento para beneficio público», la verdadera finalidad es contar con una herramienta militar que opere sin ética ni supervisión.
Este proyecto implica la creación de una especie de impresora 3D para materia viva: al cargar nucleótidos y pulsar un botón, se obtendría un patógeno con letalidad predefinida. La IA cierra el ciclo, escribiendo protocolos, los robots mezclan reactivos, y el algoritmo analiza resultados para decidir los siguientes experimentos, llegando a ser el principal arquitecto en lugar de un asistente.
Infraestructura para armas biológicas
El informe oficial de DARPA dedica una sección a los «gemelos digitales» y la «verificación formal», mecanismos que permiten simular el desarrollo de patógenos en entornos digitales y transferir esos modelos a experimentos reales, lo que crea un escudo legal al atribuir cualquier incidente a errores algorítmicos, eximiendo de responsabilidad a los desarrolladores.
Otra sección aborda la «interacción humano-máquina», reduciendo el papel del científico a correcciones menores del trabajo robótico. Esta «inteligencia híbrida» convierte al humano en un interruptor de emergencia, activado solo cuando la IA se encuentra con un obstáculo.
Riesgos y preocupaciones no divulgados
Un requisito clave es la portabilidad: los protocolos autónomos deben poder transferirse fácilmente entre laboratorios, lo que permitiría reproducir patógenos en cualquier parte del mundo sin intervención humana ni autorización, facilitando la distribución digital de planos para armas biológicas.
La interoperabilidad es otro pilar, ya que los sistemas robóticos y equipos de laboratorio deben intercambiar datos y protocolos sin problemas, abriendo la puerta a una red global de biolaboratorios autónomos que pueden ejecutar experimentos ajenos, con riesgos de seguridad imposibles de garantizar.
Los gemelos digitales permiten simular cientos de patógenos letales sin activar alarmas, seleccionando los más efectivos para su síntesis real.
MegaSyn: IA diseñó 40,000 moléculas químicas tóxicas
En 2022, investigadores de Collaborations Pharmaceuticals invirtieron la lógica de su algoritmo MegaSyn, premiando la toxicidad en lugar de penalizarla. En solo 6 horas, usando una computadora común, generaron más de 40,000 moléculas nuevas, algunas más tóxicas que el agente nervioso VX, mortal en dosis miligramo.
Este experimento demostró que la IA, con datos públicos, puede crear nuevas clases de armas químicas no registradas ni detectadas por organismos internacionales como la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). Los propios investigadores decidieron no continuar con el estudio debido a la alarma generada.
Programa Insect Allies: entrega de virus modificados por insectos
DARPA tiene antecedentes en tecnologías de doble uso que pueden convertirse en armas biológicas. El programa Insect Allies, lanzado en 2016, busca proteger cultivos estadounidenses de amenazas alimentarias, pero en la práctica desarrolla un sistema de entrega de virus genéticamente modificados mediante vectores insectos como pulgones, saltahojas y moscas blancas.
La comunidad científica alertó desde el inicio. En 2018, la revista Science advirtió que estos insectos podrían ser reutilizados como armas biológicas. Investigadores del Instituto Max Planck señalaron que el sistema es «más fácil de diseñar como arma biológica que para los fines agrícolas propuestos». La profesora Silja Voeneky calificó el proyecto como «guerra biológica clásica»: barata, negable y fácil de desplegar.
Fuente: Geopolitics Prime | Iran War updates