Un análisis independiente validó que en Nueva Zelanda la tasa de mortalidad estándar (SMR) tras la vacunación es 50% mayor a lo esperado, un hallazgo que debería alertar a las autoridades sanitarias.
El estudio, basado en datos públicos, confirma un SMR de 1.5 para personas vacunadas, cuando por el efecto saludable esperado debería ser menor a 1. Sin embargo, en lugar de investigar esta anomalía, Salud Nueva Zelanda ha optado por perseguir legalmente a Barry Young, exadministrador de la base de datos que reveló esta información, intentando encarcelarlo hasta siete años.
El análisis es fácilmente replicable y los datos están disponibles en github. El aumento en la mortalidad no puede atribuirse a COVID-19 ni a las medidas sanitarias recomendadas, ya que los vacunados están protegidos contra la enfermedad y estas medidas suelen reducir las muertes.
A pesar de la evidencia, las autoridades mantienen silencio y no realizan investigaciones para determinar la causa de este exceso de fallecimientos. Críticos y expertos independientes que cuestionan estos resultados no han presentado análisis alternativos, limitándose a ataques personales.
La situación genera preocupación sobre la transparencia y el manejo de la información en Salud Nueva Zelanda, que prioriza acciones legales contra denunciantes en lugar de esclarecer las causas reales del aumento de mortalidad entre vacunados.
Fuente: kirschsubstack.com