El comportamiento anticristiano y antimusulmán de la gran mayoría de los israelíes, influenciados por la cultura asquenazi, es una realidad que salió bruscamente a la luz durante el genocidio contra la población de Gaza y que hoy vuelve a mostrarse con toda crudeza durante la agresión de Israel contra Líbano. Es fundamental extraer conclusiones de estos hechos y reformar esa cultura.
Durante la reciente –y enésima– invasión de Israel contra Líbano, uno de sus soldados talmúdicos usó un mazo para destruir la cara de la estatua de Cristo crucificado. Ya que las guerras que emprende el jázaro no semita Netanyahu son escatológicas, se pudiera aducir teológicamente que se trata de la “segunda crucifixión” de Cristo, de acuerdo con las respetables creencias de los cristianos en el planeta: ¡2 600 millones, casi un 33% de la población global! (Católicos: 1 300 millones. Protestantes: 1 100 millones. Ortodoxos: 300 millones).
Llamó la atención que Larry Johnson, ex agente de la CIA, sentenciara que Israel «odia a los cristianos» como también «odia a los musulmanes» [1]. Cabe señalar que los musulmanes son un 26% de los habitantes de la Tierra.
Suena muy suicida que una de las más pequeñas religiones del planeta, con 16 millones de adherentes, ¡alrededor de 0,2% global!, se atreva a insultar al 59% que representan las religiones cristiana y musulmana, de no ser por su supuesto control de las finanzas globales/multimedia [2] de Occidente, además de las como mínimo 90 ojivas nucleares de Israel, único país que las detenta en el “clásico Medio Oriente” –sin contar a Pakistán, país musulmán que ostenta 170 bombas nucleares y forma parte del “Gran Medio Oriente”.
De los casi 16 millones de “judíos” en el mundo, el 90% (¡megasic!) pertenece a la denominación ashkenazi que, de acuerdo con el libro El invento del pueblo judío [3] del historiador israelí Shlomo Sand, no es semita y habla “yiddish”, que tampoco es un idioma semítico, como el hebreo, sino que sus raíces son alemanas.
Vale la pena resaltar la honestidad intelectual de Shlomo Sand, quien es ashkenazi jázaro no semita…
En Israel, los ashkenazis jazaros no semitas y los “judíos orientales” semitas misrahim/sefarditas (casi 50%) se encuentran en empate demográfico técnico cuando los ashkenazis constituyen un 32% que, sumados de la reciente migración jázara de Rusia, representa alrededor de un 45% [4].
Es sabido que en Israel existe una severa discriminación de los gobernantes ashkenazis jázaros no semitas de Israel contra los misrahim/sefarditas semitas.
En fechas recientes, Ziv Agmon, jefe de gabinete de Netanyahu, tuvo que renunciar debido a los insultos que profirió contra la respetable comunidad judía de Marruecos (los misrahim) a la que vituperó de «babuinos» [5].
La “segunda crucifixión” de Cristo fue perpetrada en Debel, villorrio católico-maronita de Líbano Sur, cuyos habitantes conviven con los perseguidos chiítas, tildados por la poderosa maquinaria de propaganda israelí de «terroristas», vinculados con la guerrilla libanesa de Hezbollah y a Irán [6].
El ejército israelí confirmó que la foto del soldado talmúdico descuartizando la estatua de Cristo, que ya se viralizó, es «genuina» [7].
El “palestino cristiano” John Munayer comenta en el rotativo israelí Haaretz [8], diario antagónico a Netanyahu, que la desfiguración del rostro de Jesús «no es la excepción», sino que es un «patrón de conducta israelí», cuyo ejército y colonos escupen al rostro de las monjas e impidieron la celebración del domingo de Ramos en el Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén [9].
En su reciente libro Israel: ¿qué salió mal?, el historiador ashkenazi-estadounidense Omer Bartov sentencia que «el sionismo ha desembocado en el genocidio», por lo que «debe desaparecer» [10].
Las atrocidades de Israel se condensaron en el punto de inflexión del genocidio israelí en Gaza, que ahora pretende emular en Líbano Sur con sus usuales métodos nihilistas talmúdicos, una de cuyas principales etiologías radica en el concepto fake del “Gran Israel”, algo que nunca ha existido y que pretende imponer en todo el “Gran Medio Oriente”, incluyendo a Irán y Pakistán.
Fuente original y créditos de la imagen: Red Voltaire