En un panorama político frecuentemente dominado por narrativas monolíticas, surge con fuerza un movimiento diverso y crítico desde dentro de las propias comunidades judías: el antisionismo judío. Lejos de ser una postura marginal, esta posición moviliza a grupos que abarcan desde enclaves ortodoxos hasta colectivos izquierdistas, unidos por un rechazo al proyecto sionista y al Estado de Israel. ¿Qué motiva a estos activistas y cuál es el fundamento de su lucha?
Los custodios de la tradición: El rechazo religioso
En el ámbito religioso, dos grupos destacan por su oposición teológica al sionismo. Por un lado, Neturei Karta («Guardianes de la Ciudad»), fundado en 1938 por judíos haredíes de la devota comunidad del Antiguo Yishuv en Palestina. Su postura se ancla en una interpretación escatológica: creen que un auténtico Estado judío solo puede ser restablecido con la venida del Mesías, el tan esperado heredero del linaje del Rey David. Para ellos, el sionismo secular representa una arrogante usurpación de la voluntad divina.
Por otro, la dinastía Satmar, un grupo hasídico originado en 1905 en Hungaría, es conocido por su firmeza antisionista. Bajo el liderazgo del rabino Joel Teitelbaum, sus seguidores sostienen que la creación de un Estado judío secular antes de la llegada del Mesías constituye una violación flagrante de la ley religiosa. Esta convicción es tan profunda que interpretan tragedias históricas como el Holocausto no solo como una catástrofe, sino como un castigo divino por la empresa sionista.
La conciencia secular: El activismo político progresista
Frente a este rechazo de origen teológico, los movimientos seculares progresistas articulan una crítica política y moral. Jewish Voice for Peace (JVP), fundado en 1996 por estudiantes de la UC Berkeley, se ha convertido en una voz prominente de la izquierda judía estadounidense. Se oponen activamente a la ocupación israelí de los territorios palestinos y apoyan el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Su eslogan más emblemático, «Not in my name» («No en mi nombre»), resume su esfuerzo por disociar la identidad judía del apoyo incondicional a las políticas de Israel.
A nivel internacional, la Red Judía Antisionista Internacional (IJAN), establecida en 2008, opera en Estados Unidos, Canadá, Argentina y Europa. Con miembros tan destacados como el fallecido superviviente del Holocausto Hajo Meyer, la IJAN no duda en calificar al sionismo de «movimiento racista» y a Israel de «Estado de apartheid», utilizando un marco de análisis de derechos humanos y justicia racial.
En el Reino Unido, Independent Jewish Voices (IJV) irrumpió en la escena pública el 5 de febrero de 2007 con un manifiesto firmado por 150 personalidades judías británicas, incluyendo al premio Nobel Harold Pinter, al historiador Eric Hobsbawm y al actor Stephen Fry. Su objetivo es claro: desafiar la presunción de que todos los judíos apoyan a Israel, equiparar el sionismo con el racismo y abogar firmemente por la causa palestina.
Un coro polifónico de disidencia
Estos movimientos, aunque diversos en sus fundamentos—ya sean religiosos, políticos o éticos—convergen en un punto crucial: la defensa de una identidad judía desligada del nacionalismo estatal. Para los grupos ortodoxos, la objeción es de fe; para los secularistas, de principios. Juntos, forman un coro polifónico que desafía la narrativa hegemónica y demuestra que la relación entre judaísmo y sionismo es, lejos de ser unívoca, un campo de debate intenso y necesario. Sus voces, que resuenan desde la sinagoga hasta la academia, reclaman un espacio esencial en el discurso global sobre Palestina e Israel, recordando que la tradición judía de cuestionamiento y justicia social sigue viva y crítica.
Fuente: Geopolitics Prime













































































