Por Javier Orozco Alvarado
El pasado 21 de julio inició la tercera ronda de negociaciones para la revisión del Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), cuyo futuro no es muy prometedor para México ante las diferencias políticas que enfrenta nuestro país con el vecino del norte.
Aunque el valor de las exportaciones hacia ese país actualmente ronda más de los 600 mil millones de dólares anuales, el gobierno de México busca reemplazar este mercado, que representa más del 80% nuestro comercio, por el mercado europeo que significa apenas un 7% del total.
Y es que los acuerdos comerciales son indiscutiblemente paralelos a los acuerdos políticos; tan es así que la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, creada en 1951, conocida también como el Tratado de París, fue un acuerdo económico-político regional para lograr la paz entre los países que habían estado involucrados en la Segunda Guerra Mundial, lo que después de 50 años de vigencia dio un largo paso para lo que es actualmente la Unión Económica y Monetaria Europea (UEME).
La realidad es que los procesos de integración comercial pueden ser negociados o naturales, cuando existe interdependencia geográfica y economica, como sucedió con la instalación inicial de maquiladoras en la frontera México-Estados Unidos en los años 1970 y que derivó en el primer Acuerdo Comercial entre ambos países en 1994.
Por eso, la interdependencia económica y política entre ambas naciones seguirá existiendo, independientemente que exista acuerdo o no y de las consecuencias que esto puede llegar a tener para los consumidores.
El presidente Donald Trump ha dejado muy claro que no necesita a ninguno de sus socios de Norteamérica, sobre todo, si lejos de ser aliados políticos, se convierten abiertamente en opositores, como ha sido recientemente la posicion de México.
Y tan claro lo tiene Trump, que ha vuelto a decretar aranceles hasta del 50% a las exportaciones canadienses; especialmente cuando su política proteccionista de comercio justo o comercio a la medida se ve reforzada con la llegada de casi el 80% de la inversión en la industria automotriz en América del Norte, frente al 12% de México y 10% de Canadá.
Además, Estados Unidos sigue insistiendo en aumentar el contenido regional al 82% con un contenido preferencial de un 50% de origen estadounidense y aranceles del 25% para acero y automóviles mexicanos exportados a ese país y que, además, aplicará aranceles generalizados hasta del 100% a la importación de medicamentos, para incentivar la producción interna.
Estados Unidos seguirá insistiendo en endurecer los términos de negociación del T-MEC mientras la presidenta Sheinbaum siga protegiendo funcionarios de su partido acusados internacionalmente de vínculos con el crimen organizado y violando acuerdos políticos como el de Extradición y las solicitudes de captura provisional de funcionarios de su partido ligados con los cárteles de la droga.
Intentar amedrentar a Trump con la búsqueda de mercados sustitutos en Europa es no medir la magnitud del problema económico en que se encuentra México, quien también depende de casi el 60% de importaciones de maíz para consumo humano, de más del 75% del gas natural que consumimos y la dependencia del 43% del total de gasolina que exporta Estados Unidos.
Por eso, sin un buen acuerdo de cooperación política entre ambos países, tampoco es posible lograr un buen acuerdo de cooperación económica como el T-MEC.
Fuente: Facebook