Por Juan Manuel de Prada
Advertía muy sabiamente ABC en un editorial reciente que la invocación constante del «cambio climático» para explicar la virulencia de los incendios que padecemos (todos ellos provocados con oscuros fines) es una argucia empleada por políticos baldragas para evitar que nadie señale su incompetencia y falta de previsión.
En realidad, es una argucia que no emplean únicamente cuando se queman nuestros montes en verano: también lo hacen cuando la gota fría inunda las ciudades del Levante, cuando se dispara el precio de la luz o de los alimentos básicos, incluso cuando se desmadran las avalanchas inmigratorias.
En este sentido, podríamos afirmar jocosamente que el «cambio climático» es, en reñida competencia con Putin, el causante de todas nuestras desgracias. Y también la guinda del pastel del «Estado autonómico» instaurado por el Régimen del 78, que permite saquear al pueblo mientras las distintas administraciones se endosan entre sí la responsabilidad de las calamidades, en un toma y daca que azuza la demogresca.
Pero este toma y daca necesita, a modo de escamoteo o birlibirloque final, una instancia suprema e inapelable sobre la que poder descargar todas las responsabilidades; y esa instancia suprema e inapelable es la «emergencia climática».
Fuente original y créditos de la imagen: Kontrainfo