El pasado 1 de agosto se anunció en medios oficiales del ayuntamiento de Puerto Vallarta, con bombo y platillo, la entrega de cien nuevas patrullas a la dirección de Seguridad.
Por Adriana García L.
Patrullas impecables, oficiales de botas lustradas, gesto estoico y pecho erguido, esperaban el momento de posar para la foto junto al presidente municipal.
Horas después de la entrega oficial, los nuevos vehículos policiales hacían un ruidoso recorrido en las principales calles y avenidas de la ciudad.
El discurso del ayuntamiento es que la compra de esta flotilla es un evento sin precedentes que ha sido posible gracias a la honestidad y la ausencia absoluta de corrupción en esta administración.
El desfile de patrullas por las calles de la ciudad fue un sinsentido. No quedó claro si el ejercicio pretendía que los ciudadanos suspiraran emocionados y agradecidos; si trataba de reconfortar y devolver la paz a los ciudadanos que han sido agraviados en sus bienes y/o sus personas por la delincuencia común u organizada o si aquel ruidoso recorrido debía leerse como una advertencia a la delincuencia de que la policía, ahora sí, tenía todo para ir por ellos.
En las redes sociales del ayuntamiento se muestra a oficiales de policía prolijos, sonrientes, cercanos a la gente y en buena forma física. Un policía que dista mucho del policía real. El narrador pide a la ciudadanía confiar en la policía y denunciar delitos o situaciones en las que existe una posible comisión de delito, como si esto fuera un distanciamiento entre padres e hijos.
Puerto Vallarta logró cifras récord el primer semestre de 2022. Por aire, llegaron 43.2% más pasajeros nacionales que en el mismo periodo de 2019. Mientras que los viajeros internacionales en este periodo sumaron poco más de 1 millón 900 mil personas.
El posicionamiento internacional de nuestra ciudad, la afluencia de visitantes y la llegada de nuevos residentes requieren, en todas las materias, pero especialmente en lo que tiene que ver con seguridad, de personas y bienes, visión de largo plazo, estratégias preventivas, inversión en tecnología y entrenamiento constante, profesional, con estándares del más alto nivel para quienes sí son actores claves en la protección de residentes y visitantes, los policías. Las patrullas por sí mismas no harán la tarea.
Es inaceptable que mientras medios nacionales e internacionales señalan a Puerto Vallarta como uno de los mejores destinos para viajar en 2022, nuestra ciudad no cuente aún, por ejemplo, con un sistema de cámaras de seguridad.
Así como se persiguen récords mundiales o se echa la casa por la ventana con espectáculos musicales para celebrar un año más la victoria del partido del que emergió el presidente del país y el de este municipio, con la misma manga suelta, debería invertirse en el bienestar de quienes habitamos y quienes visitan Puerto Vallarta. No hace falta más que leer noticias y denuncias en redes sociales para saber que 100 vehículos no harán la diferencia.
Hace unos días, la ex fiscal de una importante ciudad de los Estados Unidos de Norteamérica, en una conversación entre amigas dijo: “Ningún político se compromete y empeña recursos y trabajo en resolver los problemas de los ciudadanos, primero, porque no los padece y después porque si los resolviera se quedaría sin material para sus siguientes campañas”.
En esa afirmación podría estar la respuesta a asuntos como el ordenamiento territorial, la regulación del mercado inmobiliario, la recolección y el manejo de la basura y, por supuesto, la seguridad.









































































