«Los burros de Troya de la democracia cabalgan al lomo de la ignorancia y de la polarización, se disfrazan de demócratas para reventar la democracia desde el interior. Convocan a elecciones, sí, pero luego las amañan por detrás, compran votos y estas cosas. Aceptan que existan algo llamado oposición, algo llamado Poder Legislativo, algo llamado Poder Judicial pero luego los maniatan, los someten y lo sojuzgan», así lo describió una diputada española del Partido Popular en un evento en la ciudad de Puebla el fin de semana pasado
La descripción textual del párrafo anterior es un retrato hablado de las prácticas de priistas y panistas, muy conocidas por los mexicanos. Delinea casi como una fotografía los amaños de Salinas de Gortari, Fernández de Cevallos, Fox o Calderón. Igual pinta la insultante compra de votos que hizo Peña Nieto en el 2012 con sus famosas tarjetas Soriana. Pero no, no habla de ellos. Esa descripción se la atribuye al actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.
Estos detalles semánticos son trasladados de alguien a otro, como la clásica expresión del ladrón que acaba de robar y grita «allá va el ladrón», una práctica de engaño, de timo, de distracción para evitar ser sorprendido haciendo el mal a la sociedad en la que vive para beneficiarse de algo que no le pertenece.
Esa práctica, que aunque no es nada nueva, está siendo hoy extendida por todo el orbe como el modus operandi de la oligarquía mundial que juega el papel de rector en varios países como México, donde sus representantes, empresarios y políticos, la han implementando para impedir que la democracia, desde su contenido semántico y etimológico, se ejerza como tal, invirtiendo deliberadamente su real significado para que impere lo que a ese sector privilegiado le favorezca, como la libertad de no pagar impuestos porque dicen contribuir en mucho a la sociedad desde la oferta del empleo remunerado a la gente, exactamente igual que el esclavista pensaba que su condición era imprescindible para la economía del país.
«Allá va el narcopresidente», dice el narcopresidente
Pasadas las elecciones fraudulentas del 2006, Felipe Calderón Hinojosa, «haiga sido como haiga sido» toma las riendas del país y le declara la guerra al narcotráfico abiertamente y con toda la parefernalia mediática a su disposición. Pero lo que realmente hacía, en el lado oscuro de la luna, era pactar con los grupos criminales para que el miedo, la sangre y la violencia extrema evitara reclamos y protestas por la entrega de los recursos naturales del país a la clase oligárquica mundial. Una inversión deliberada de la realidad.
Pasado el tiempo, ya en el gobierno de López Obrador, por alguna razón todavía no sabida ni entendida, se devela el profundo involucramiento del gobierno de Calderón con la actividad criminal del narcotráfico en México. Su secretario de seguridad y mano derecha, Genaro García Luna es aprehendido y juzgado en Estados Unidos por nexos con el narco encontrado culpable y en espera de sentencia.
Felipe Calderón es el narcopresidente que indujo a México en una espiral de violencia de asesinatos y exterminios en todo el país.
Esa realidad, la oligarquía mundial que protege al expresidente michoacano ha aplicado la metodología de inversión deliberada como ese ladrón que grita «allá va el ladrón». El mismo Calderón y García Luna, en su momento intentaron crearle una historia donde Obrador se vinculaba con el crimen organizado. No prosperó en su momento y la revivieron precisamente en el juicio en Nueva York contra García Luna donde el abogado de éste buscó que los narcotraficantes que atestiguaron contra el exempleado de Calderón, incriminaran igual un supuesto financiamiento del narco en las campañas electorales de López Obrador. No les cuajó la movida.
El triunfo electoral de Morena en el 2021, el partido del presidente López Obrador, fue asociado a los supuestos nexos de este partido con el narcotráfico.
En los inicios de este año, la cargada se vino más fuerte sobre el supuesto involucramiento del actual presidente con el narco. Reportajes periodísticos en Estados Unidos y Alemania hacen suposiciones sobre esos nexos desde aquellas investigaciones en tiempos de Calderón que fueron cerradas por no haber ningún elemento probatorio, sin embargo, aún así, la cargada de medios y oposición la dieron por hecho y se trazó una enorme campaña para indilgarle a López Obrador lo que a Calderón Hinojosa le pertenece: Narcopresidente. «Allá va el narcopresidente» dice el narcopresidente.
El síndrome de la inversión deliberada
Hace poco, Claudio Guevara, periodista de esta casa editorial, publicó un artículo denominado El Covid como trauma: Principios de Programación Monarca donde describe el uso de una técnica para el control mental llamada Programación Monarca que «es un derivado de la investigación sobre control mental del programa MK Ultra de la CIA, que utilizó violencia extrema, abusos, tortura y juegos sádicos para infligir un trauma en las víctimas con el objetivo de programar su mente para ciertos comportamientos».
Esta técnica es usada deliberadamente y con propósito de control a través de los medios de comunicación con el afán de confundir y recrear contenidos: “Muchas de las técnicas de programación perfeccionadas en estos experimentos se aplican a escala masiva a través de los medios de comunicación de masas. Las principales noticias, películas, vídeos musicales, anuncios y programas de televisión se conciben utilizando los datos más avanzados sobre el comportamiento humano jamás recopilados. Muchos de estos datos proceden de la Programación Monarca”.
Efectivamente, está técnica de inversión deliberada confunde y cambia la percepción de las personas sobre los hechos y las asume como verdaderas desarrollando así una especie de síndrome que los vuelve defensores de la postura del ladrón o, en este caso, del narcopresidente que dice «alla va el narcopresidente».
El síndrome de la inversión deliberada hoy es un serio trastorno de sentimientos inducidos por los medios de comunicación que afecta directamente el sentido común y la empatía social. Como consecuencia afecta directamente al buen juicio que trastoca a grupo sociales, en particularmente a los núcleos familiares, donde ocasiona distanciamientos, exclusión, indolencia y por consecuencia, impacta directamente en los valores éticos, sociales y humanos.