Por Javier Orozco Alvarado
Ex rector del Centro Universitario de la Costa
Cuando Donald Trump regresó a la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2025 para un segundo periodo de gobierno, se propuso al menos tres objetivos con los que pretendía “Hacer a los Estados Unidos grande otra vez” (MAKE AMERICA GREAT AGAIN).
El primer objetivo era impulsar la reindustrialización del país; el segundo, combatir el tráfico de fentanilo y; el tercero, desmantelar los gobiernos de izquierda en América Latina, comenzando con Venezuela, Cuba, Colombia y Nicaragua, entre otros.
La estrategia principal para lograr sus objetivos económicos fue, sin duda, el empleo de una política arancelaria, con la que ha establecido nuevas reglas comerciales a nivel internacional, lo que ha permitido a los Estados Unidos frenar la trepidante competencia comercial china, la recaudación de ingresos públicos y obligar a muchas empresas a reestablecerse en ese país para acceder a su mercado.
La política arancelaria ha obligado recientemente a varios países, entre ellos México, a frenar el envío de petróleo a Cuba, so pena de grabar las exportaciones a quienes violen este bloqueo, con lo que pretende asfixiar al principal bastión del socialismo latinoamericano, que desde hace más de sesenta años instauró una dictadura que ha provocado el exilio y el empobrecimiento gradual del pueblo cubano.
La amenaza de aplicar dichos aranceles ha obligado al gobierno de México a dejar de subsidiar a Cuba con nuestro petróleo y a combatir el crimen organizado, con el añadido de suspender la renovación del T-MEC si no se obtienen resultados tangibles.
Lo anterior explica la razón por la cual el gobierno de México entregó a Ovidio Guzmán, a Joaquín Guzmán López, al Mayo Zambada y a 97 reos considerados los más peligrosos de los diversos cárteles que operan en México.
La no intervención directa del ejército norteamericano en la captura del Mencho responde al argumento de la presidenta Sheinbaum, de que en México el crimen organizado no está tipificado como terrorismo, a pesar del terror que ha sembrado y sembró el CJNG el pasado domingo 22 de febrero en las principales ciudades de casi todo el país.
Por eso, gracias a la colaboración del Comando Norte de los Estados Unidos, en coordinación con la Defensa Nacional, lograron abatir a uno de los narcotraficantes más buscado, “sin violar la soberanía nacional”.
La realidad es que, con la intervención indirecta o directa, como el caso de Venezuela en la captura de Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump está logrando combatir en el continente al narcotráfico y el crimen organizado, ligado con regímenes de izquierda que amenazan con extender el socialismo en detrimento de la democracia y la hegemonía norteamericana en América Latina.
Por ello, la captura y posible ejecución de Nemesio Oseguera, alias el Mencho, no se explica sin la presión del gobierno norteamericano; quien pedía su captura y extradición, por considerarlo el jefe de esa organización terrorista y un informante clave sobre los vínculos de partidos políticos y funcionarios de gobierno con el CJNG, los cuales, seguramente, estarán respirando más tranquilamente a partir del abatimiento de su líder principal.