En México, los grupos políticos han representado poder e impunidad. Contrariamente a la injusticia y el desamparo que sufre nuestro pueblo, emergen nuevos ricos.
Por Javier Orozco Alvarado, Ex rector del Centro Universitario de la Costa Universidad de Guadalajara
En México pertenecer o ser parte de un grupo político brinda la posibilidad de gozar de privilegios y de total impunidad ante las autoridades, las leyes o la moral social. Por eso, desde el periodo revolucionario se han creado grupos, como el Grupo Sonora, quienes por más de quince años mantuvieron la hegemonía y se repartieron el territorio para gobernar el país.
En 1942 se formó el Grupo Atlacomulco, encabezado por Alfredo del Mazo e integrado por Carlos Hank, Arturo Montiel, Enrique Peña Nieto y otros; en el que participaron familiares, compadres y amigos ambiciosos de poder.
Hacia 1994 apareció el Grupo San Ángel, formado por intelectuales como Carlos Fuentes, Jorge Castañeda, Federico Reyes Heroles, Adolfo Aguilar Zinser, entre otros; quienes abogaban por un “Pacto de Concordia” que garantizara la legalidad y limpieza de los procesos electorales y se abriera el camino a la democracia, lo que les dio más prestigio y reputación.
Ahora gobierna el Grupo Tabasco, formado por Andrés Manuel López Obrador e integrado por Adán Augusto López, Javier May, Rutilo Escandón, José Ramiro López Obrador, Rafael Marín y otros más; cuyo ascenso al poder ha sido muy cuestionado por el posible financiamiento con recursos de procedencia ilícita y por constituir redes criminales para el robo de combustible, tráfico de fentanilo y lavado de dinero.
Este grupo, a diferencia del Grupo San Ángel, está integrado por políticos de mala reputación y falta de escrúpulos para robar, mentir y traicionar. Bajo el manto protector de Morena, el Grupo Tabasco está construyendo el Segundo Piso de la “Cuarta Transformación” con el respaldo de lo peor de personajes del PRI, PAN y el extinto PRD.
Ahora que se han consolidado como fuerza política y han ganado la confianza ciega de los sectores más pobres de la población, han abandonado la retórica que les llevó al poder. Han dejado de lado la “austeridad republicana”, la “justa medianía”, el “acabar con la corrupción y la impunidad”, el “primero los pobres”, etcétera.
Pero en este país, los más pobres siempre han sido los campesinos y, como no se veía en muchos años, han tenido que salir a las calles, a bloquear carreteras, para exigir protección y precios justos para sus productos. A cambio de ello han recibido el linchamiento mediático y el asesinato de sus líderes, como el limonero Bernardo Bravo y, recientemente, el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, quien pedía apoyo y protección al gobierno federal para enfrentar al crimen organizado en su comunidad.
En este Segundo piso la impunidad sigue su curso, a pesar de que en el gobierno de López Obrador asesinaron a 87 alcaldes y en esta administración, en sólo un año, otros 10.
Así, contrariamente a la injusticia y el desamparo que sufre nuestro pueblo, emergen nuevos ricos como Adán Augusto, cómplice de “la barredora” y un capital de casi 90 millones en un año, exentos de impuestos; Ricardo Monreal con un patrimonio familiar de 48 propiedades; Arturo Ávila con casa en California de 4.5 millones de dólares; Noroña, con vuelos privados, estancias en Dubái, Barcelona y una propiedad de doce millones; Andy López, heredero de los negocios del régimen y vacaciones ostentosas en el extranjero, etcétera.
Ahora, los nuevos ricos de Morena viajan en primera clase, vacacionan en Europa, lucen joyas ostentosas y, según Noroña, no están obligados a ser austeros.